El Rincón de Mela ...

Cuentan que el mejor de los viajes empieza cuando naces ... y por ello este Blog lo hace con el ánimo de regalar y compartir con cuantos viajáis conmigo por esta vida ... anécdotas, fotos, risas, ideas, viajes, cariño, experiencias, ilusión, sugerencias, "alma" e inspiración ... cualquier "cosita" que os haga sentir bien y suspirar de emoción! Os quiero!

sábado, 25 de marzo de 2017

Las chicas del cable...

Conocí a Marina Orta con cuerpecito de ninfa y una sonrisa sobrecogedora que destilaba inocencia. Lo que más me cautivó fue su madurez que acompasaba con brotes de espontaneidad, ese ‘algo’ que sólo los niños defienden sin pestañear.
Cada vez que me encuentro ante una nueva sesión donde el retrato es el claro protagonista, lo primero que me nace es un sentimiento de empatía sin límites con la persona que va a regalarme su esencia al otro lado de la lente.
En este diálogo de miradas se desnudan muchas emociones, desde la timidez más profunda hasta el más absurdo de los complejos o el talento innato de aquellos que literalmente se comen la cámara.

El aprendizaje desde mi disparador es conmovedorporque la actitud del fotógrafo es la clave para que germine, sí, también ese ‘algo’ que te atrape en tan sólo un fotograma de la secuencia. El momento. La magia de la caja de luz. Transmitir.

Existe una fecha para mí primordial: la de la primera cita cuando no hay más disparos que la cadencia de los latidos, de igual a igual, compartir conocimiento, descubrir cómo te mima la luz, observar la piel, los gestos, el cabello, cualquier detalle es importante… Asomarse al corazón de la persona como a una ventana sin cortinas. Este día se emprende un paso aestrenar. Cada sesión de fotos es una primera vez, una nueva oportunidad de ser. Ser feliz. Hacer equipo de retinas. Admirar. Construir. Crear.

Marina tiene un talento natural para mimetizarse en ella misma y abstraerse del ruido con la finalidad de dar vida a un personaje de forma absolutamente creíble. Así lo expresa ella tan bonito, ser capaz durante una jornada de rodaje, en un plató rodeada de gente, luces, cámara, acción y todo desaparece a su alrededor. Y entonces, Marina ‘crea’ y ‘cree’.

No voy a desvelaros el papel que interpreta en ‘Las chicas del cable’ porque será maravilloso descubrirlo. Yo he visto ese duende en nuestra última sesión cuando las dos hicimos un pacto con la mañana.
El 28 de abril llega por fin el estreno de ‘Las chicas del cable’. Sus productores volverán a colarnos en el ambiente de los años 20, como hicieran ya en ‘Velvet’ y ‘Gran Hotel’. “Las chicas del cable” es la primera serie original española que la plataforma NETFLIX presentará a nivel mundial.

Tengo claro que para Marina compartir reparto junto a Blanca Suárez, Ana Fernández, Nadia de Santiago y Maggie Civantos, entre otros, es una cuna de aprendizaje.

Marina, vívelo muy despierta y apuesta por tu sueño porque ya empiezas a acariciarlo. Disfruta. Pero sobre todo vive tu ahora. Es sólo tuyo.

sábado, 18 de marzo de 2017

Desplegar...

“Si lo que me gustaba de ti eran tus alas, para qué cortarlas…”. Aquella frase había acompañado a Manu años. Y no sólo asociada a mujeres, no. Sino al sentimiento tan destructivo como el de la posesión como consecuencia de la falta de seguridad. Por no mencionar la dificultad de conciliar el silencio con la soledad y apestar al miedo. Al final es uno mismo quien pone sus propias limitaciones pero eso es algo complejo de asimilar.

Hay que estar dispuesto a vivir todo lo que se siente por dentro y hacer que fluya, incluso lo que no nos gusta porque a algún punto nos orienta. Manu había ejercitado el arte de estar con ella misma, aprendió a sepultar todos los ruidos, unas veces con distracciones.
Sin ser una experta culinaria había encontrado en la cocina un refugio de creatividad. Otras, concentrándose en escuchar a los demás porque era su fuerte empatizar y así sus propios problemas se diluían cuando los de los demás espesaban. Hoy identificaba claramente esos momentos y sentía alivio porque también escogía estar sola. Era el primer paso para desplegar las alas.
De pequeña jugaba con sus hermanas a volar, extendían los brazos y surcaban las praderas. Era como estar en el cielo a tan sólo dos palmos del suelo entre salto y salto. Y el mejor paseo por las nubes era quedarse bajo las sábanas cuando su madre las doblaba con ayuda y, antes de plisarlas, las llenaba de aire alzándolas para dejarlas caer amenazando tormenta y corrían en busca de amparo. ¡WOW! ¡Qué sensación aquella cuando volvía el lienzo a ascender… La cabellera revuelta y los brazos en alto queriéndose sujetar a la tela! Ascender. Trascender.
Enfrascada en ese vuelo recordaba los días de soledad acompañada que nada tenían que ver con su ahora. Manu esboza una sonrisa. No se siente irresistiblemente feliz pero sí en paz.
Miedo a volar… No poder tender las alas porque es otra actitud la que se espera de ti. La generosidad no puede malinterpretarse. Hoy elige hacer lo que la dicta el corazón, reconocer su sitio en ese mundo donde algunas mañanas despierta con ganas de comérselo y otros días parece que se la engulle. Ese.
Manu no tiene memoria de grillo pero tampoco habita con el rencor, sólo que un día tuvo que recolocar sus porqués y decidió ser honesta con su vida. Las articulaciones duelen. Tanto tiempo plegadas que la caída libre asusta. Sonríe pero no una medio sonrisa conforme, no. Sonríe. Manu respira. El aire llega hasta el estómago. Lo siente. El pecho ya no duele. No se marea.
De fondo una canción, su canción y canta. Enérgica. Canta. Vuela.
Tonight I want to sit alone and change.I want to turn that fucking page and walk away from you.Tonight I want to see me as I am, grab a knife and cut my hand
so I can see the wound.
Go away pain, go away.I will show you the way, you’ve stayed way too long here.And it’s getting late pain, it’s getting lateand I’ve never been your fate so go back to your mate.The nights are passing by but I’m the sameand I’ve got no one to blame, this pain it isn’t real.Changing who you are is so damn hardfrom the ending to the start, fighting for the wrong ideal.

sábado, 11 de marzo de 2017

Mírame...

De pequeña Manu tuvo una imaginación prodigiosa y nada la fascinaba más que contar historias con una improvisación desbordante y todo tipo de personajes y ambientes.

El final siempre quedaba abierto, primero porque así concatenaba sus cuentos y eso activaba su propia creatividad, pero sobre todo porque era su forma de invitar a cuantos le escuchaban a que cada uno proyectara su propio final, inconscientemente libres con sus circunstancias y sus inquietudes. Era como practicar el arte de vivir. Adorable. Ser quien quieres y hacer realidad tus sueños más absurdos. Poderoso. Mágico.
Hubo largas tardes de portal sentados en las escaleras de frío mármol del entresuelo. A los niños les prohibían quedarse dentro. Paco, el portero, era un infatigable cascarrabias y raro era el día que no protestara. Cuando no lo hacía, canturreaba y silbaba alternándolo con mucha habilidad, la misma que habían adquirido los pequeños si aparecía para huir y dispersarse con rapidez con el calzado bajo el brazo, porque los calcetines no eran delatores.
Más de uno perdió un zapato. También era gracioso aguantarse la respiración o la risa cuando había ruido de llaves, se disparaba el timbre del telefonillo de la entrada o el ascensor se activaba. Divertido, pero con una inocente tensión. Inquietante. Provocador.
Manu regresaba a estas sensaciones del pasado cuando intuía que la creatividad mermaba. En la espontaneidad de los niños, en su curiosidad siempre despierta, en sus ganas de todo, incluso para luchar con monstruos, en su impaciencia…
En todo ese ‘minimundo’, Manu encontró una inagotable fuente de inspiración. A veces sólo escribía palabras sueltas desperdigadas por el papel, luego trazaba líneas entre ellas y ponía nombre a una nueva constelación. Para rematar esperaba el momento a poner todo aquel universo a trabajar, ser capaz de poner en práctica aquella gran idea y lo más importante, no derrumbarse si alguien se la adelantaba, si se cruzaba con otro extraordinario cuentacuentos… Nada pasa por casualidad, un nuevo aprendizaje, quizá. Lo que fuera pero sin alejarse de tu germen para perderte entre excusas. Revivir el duelo. Respirar oportunidades. Vértigo. Entusiasmo.
No todos los recuerdos eran recurrentes. Ni tampoco los presentes determinantes, ni los futuros inciertos, pero simplificarlo todo al origen funcionaba. Uno más uno igual a dos. La ‘m’ con la ‘a’, ‘ma’. Despeinarse entre las sábanas o haciendo volar la falda. Canturrear. Silbar. Andar descalza. Vivir cada momento y no esperarlo. Reinventarse. Recomponer la belleza si fue dañada. Reírse de uno mismo. Encharcar los pulmones de aire limpio. Ensanchar el alma.
Mirar bonito. Eso que sucede entre la retina y el corazón.  Reconocerlo y reconocerse.

sábado, 4 de marzo de 2017

De noches y amaneceres...

¿Quién no ha vivido momentos de incertidumbres?
Noches de insomnio en las que la oscuridad se reinventa con luz propia mientras la retina recorre cada rincón del dormitorio entretanto las sombras cobran forma.
Noches de preguntas sin respuestas, controlando el pulso para no llamar de madrugada en busca de ese abrazo hecho susurro.
Noches de quedarse sin aliento… porque el beso se quedó en el portal.
Noches de llorar a los que se fueron, sin consuelo, sin más “allás”… sin estrellas que brillan “allá” y de nubes que no habitan en el cielo, “acá”.

Noches de camuflar la vida entre sábanas blancas con la esperanza de verlo todo con claridad al despertar.
Noches de un corazón que se deshoja por dentro.
Noches de confeti cuyo colorido te roba el sueño y sólo quieres que la fiesta no termine.
Noches de hospital con toque de queda y encontrar sentido a “comenzar la cuenta atrás”.
Noches de puzle al que le faltan piezas.
Noches de trasatlántico en medio de la tempestad, pero “que me quiten lo bailao”.
Noches de renacer y vértigo en tu colchón… ¿Y si me equivoco?.
Noches de realidad virtual, de sobresaltos, de segundos en off… Estoy soñando o estoy despierto.
Noches de fe y mover montañas.
Noches de dualidades y debilidades.
Manu se muerde las dudas de noche y amanece con la capacidad de crear infiernos y cielos como quien pasa páginas pares e impares. Cuando eso sucede, Manu deja la vida en blanco y remonta un nuevo sueño, abriendo y cerrando los ojos, cerrándolos para luego abrirlos y mirar bonito. Lo ha convertido en una buena práctica. Recordar esas noches y sus despertares la ayudan a entender nuevas situaciones sin condiciones. Un antes y un después.
Hoy Manu amanece como la primavera en invierno, seca… Algo deslavada de color y con las raíces a la intemperie. Tiene frío. Necesita luz. Busca una canción. Sinnerman. Fija la mirada en una foto suya de pequeña, guiña un ojo a modo de ‘click’ y se recuerda sintiendo física y emocionalmente. Sabía ser feliz sin que nadie la enseñara porque sí y hoy sabe prepararse un café con espuma… Y también regar la primavera, porque quiere.
Amaneceres.
Amaneceres de mirada de niño… De esos que creen que todo es posible.